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Dos rutas imprescindibles para recorrer la costa vasca en moto

Estamos en una de las temporadas más indicadas para rutear pegaditos a la costa. No sólo disfrutaremos de una buena ración de curvas, sino que podremos parar en localidades que siempre tienen un encanto especial, pero que con el verano y el calor apetecen aún más si cabe. Si eres de los que te gusta el mar, te proponemos 2 rutas para conocer la costa vasca y descubrir algunos de los paisajes más impresionantes de Euskadi. Empezaremos este particular viaje en Hondarribia (Gipuzkoa) y lo finalizaremos en la playa de Sopelana (Bizkaia) evitando autopistas y peajes. ¿Te apuntas? ¡Arrancamos!

RUTA 1. Costa de Gipuzkoa: de Hondarribia a Mutriku

Salida: HONDARRIBIA
Parada 1: PASAIA
Parada 2: DONOSTI
Parada 4: ZARAUTZ
Parada 5: GETARIA
Parada 6: ZUMAIA
Final de ruta: MUTRIKU

Comenzamos nuestra ruta por la costa vasca en Hondarribia, también conocida como Fuenterrabia, uno de los últimos pueblos de la provincia guipuzcoana. Ubicada en la bahía de Txingudi, en la desembocadura del río Bidasoa, y a tan solo 20 kilómetros de Donosti, este pueblo pesquero ha experimentado un auge turístico en los últimos años, aunque sigue conservando ese aire de autenticidad. No esperes calles repletas de tiendas de souvenirs, sino más bien locales donde comer y beber bien es casi una religión. Tus imprescindibles aquí deben ser visitar el colorido y bien conservado casco viejo, admirar su muralla medieval, elegir un par de bares del barrio de La Marina para probar sus pintxos y darte un baño en su playa de aguas tranquilas.

Vista y catada Hondarribia, nuestra próxima parada será Pasaia adentrándonos primero en una de esas carreteras que gustan a todo buen motero. La GI-3440 atraviesa el puerto de Jaizkibel con una longitud de poco más de 8 kilómetros y un desnivel de 440 metros. El alto de Jaizkibel no es sólo una oportunidad para probarnos con curvas de herraduras y descensos prolongados, sino también para admirar una vista privilegiada de la costa cantábrica.

Merece la pena que, además de pilotar, pares en la Ermita de la virgen de Guadalupe, patrona de Hondarribia. La vista te dejará casi sin aliento.

En Pasaia te encontrarás uno de esos pueblos que vive en perfecta comunión con el monte y el mar. Está dividido en cuatro barrios, Trintxerpe, Pasai San Pedro, Pasai Antxo y Pasai Donibane. Este último suele ser el más visitado y puedes recorrerlo a través de su única calle (ojo porque hay zonas muy estrechas). Otra opción es subirte a una pequeña barca en la bocana del puerto que te llevará por toda la bahía. En cualquier caso, quizás sea mejor aparcar la moto y disfrutar de la que dicen es la pequeña Venecia vasca.

Dejaremos Pasaia rumbo a Donostia cogiendo la GI-636 para enlazar con la GI-20 y, posteriormente, con la GI-40 hasta llegar a la capital de Gipuzkoa. Visita casi obligada a la playa de La Concha a darse un chapuzón -si las mareas y el tiempo lo permiten- y al Casco Viejo donostiarra a hacer pintxopote. Seguramente, te sentirás abrumado con tanto bar y restaurante por metro cuadrado, así que te sugerimos una aplicación móvil hecha por un donostiarra que recoge un total de 120 bares. Si te sobra tiempo, y tienes mono de curvas, puedes subir hasta el monte Igueldo y admirar una bonita vista de toda la Bahía de La Concha.

Sin duda, habrás oído hablar de Zarautz. Para ir a esta localidad costera, cuarta parada de nuestra ruta, tendrás que coger las carreteras GI-2132 y la N-634. Zarautz tiene uno de los mayores arenales de la comunidad vasca y también uno de los cocineros más famosos, Karlos Arguiñano. Si te apetece darte un capricho culinario, su restaurante está prácticamente a pie de playa. No obstante, no son las únicas joyas de este pueblo surfero con cierta fama de exclusivo. Te recomendamos acercarte hasta el monte Talaimendi o subir con tu moto hasta la ermita de San Bárbara para gozar del monte o ver en vivo los viñedos de txakoli.

Hablando de txakoli, si te gusta este vino, nada mejor que hacer una paradita en Getaria. La carretera N-634 nos ha traído hasta Zarautz y nos va a llevar por toda la costa hasta el final de esta ruta que hemos situado en Mutriku. No tendrás pérdida y, aunque no sea una vía motera muy emocionante, lo cierto es que es una ocasión para que, debido a la belleza de los paisajes, los desplazamientos formen parte del viaje y no sean una mera forma de ir de un lugar a otro.

Como te decíamos, Getaria es el lugar ideal para aparcar y comer un pescado de la zona a la parrilla regado con txakoli. Como excursión destacada – y de paso bajas la comida- puedes visitar el ratón de Getaria, nombre popular con el que se conoce al Monte San Antón. Fue una isla hasta el siglo XV desde la que se avistaban ballenas. Hoy en día está unida artificialmente al casco viejo de Getaria. Tiene apenas 100 metros de altitud y unas espectaculares vistas, así que es ideal para estirar las piernas y oxigenarte, ¿no te parece?

Zumaia y Mutriku son las dos últimas paradas de esta ruta. Hemos elegido Zumaia porque es, sin duda, un tesoro natural que no puedes saltarte. Desde la playa de Itzurun en Zumaia hasta la vecina Deba se erigen sobre el mar formaciones de estratos verticales que crean un paisaje digno de Juego de Tronos. El espectáculo es completo cuando baja la marea ya que queda al descubierto la base del acantilado con una amplia plataforma de abrasión. Son los mundialmente conocidos como flysh.

Si quieres seguir viendo acantilados impresionantes, sólo tienes que acercarte hasta Mutriku -o Motrico-. Para llegar a esta villa pesquera que, como Getaria, en la antigüedad se dedicaba a la pesca de ballenas, tendrás que abandonar la N-634 a la altura de Deba y coger la GI-638. Mutirku también es conocida por tener una industria conservera potente. Vamos que si te gusta el atún, este es un buen lugar para hacer un hueco en tu baúl y llevarte un par de latas de la mejor calidad.

RUTA 2. Costa de Bizkaia: de Ondarroa a Sopelana

Salida: MUTRIKU
Parada 1: ONDARROA
Parada 2: LEKEITIO
Parada 3: ELANTXOBE
Parada 4: BERMEO
Parada 5: SAN JUAN DE GAZTELUGATXE
Parada 6: BAKIO
Parada 7: PLENTZIA
Final de ruta: SOPELANA

Abandonamos Gipuzkoa para adentrarnos en otra parte de la costa vasca: Bizkaia. Si salimos desde Mutriku tendremos que seguir por la carretera GI-638 hasta llegar a nuestra primera parada: la villa de Ondarroa, uno de los 12 municipios dentro de la comarca conocida como Lea-Artibai. Te sugerimos que hagas una visita a la página web del Ayuntamiento de Ondarroa porque hacen una propuesta de recorrido muy interesante para conocer el pueblo. Nosotros te recomendamos una visita al puerto Egidazu Kaia (donde podrás ver todo el ciclo del pescado desde su pesca hasta que llega a tu mesa listo para hincarle el diente) y a la bahía de Saturraran. Además de darte un baño, puedes preguntar por la leyenda de Satur y Aran. Ahí lo dejamos para que lo descubras.

Lekeitio es otro de esos municipios de la Costa Cantábrica que hay que conocer. Desde Ondarroa tendrás que seguir la carretera BI-3438 que discurre pegada al mar, así que pilota con relax y disfruta de las vistas. A pesar de que no es muy grande, Lekeitio tiene tres playas -Isuntza, Karraspio y La Salvaje-. Además, desde la primera se puede hacer una excursión entretenida a la isla de Garraitz o San Nicolás, sólo transitable en marea baja. Ten en cuenta que si te despistas y sube la marea mientras estás en ella tendrás que volver a nado.

Para acceder a Elantxobe desde Lekeitio, tercera parada de nuestra ruta, tienes varias opciones.

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Si no te apetece mucho complicarte la vida, sigue el camino más sencillo por la BI-2238 hasta Ispaster donde podrás enlazar con la BI-3238 para atravesar Ea, Ibarrangelu y llegar a Elantxobe por la BI-3481. No obstante, si el cuerpo te pide curvas, lo mejor es que, a la altura de Deba, subas hacia el barrio de Beradona por la misma BI-3481 y sigas hasta Apilake Muturra o Cabo Muturra. Solo por las vistas, la subida habrá merecido la pena.

Escojas el camino que escojas, cuando llegues a Elantxobe te encontrarás en una de las localidades que están dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un área natural de 230 kilómetros cuadrados que acoge a un total de 22 municipios. Situado en la ladera del monte Ogoño, está formado por escarpadas y estrechas calles que irremediablemente van a dar al mar. Impresionan sus casas construidas y apiñadas en la roca y su puerto que ha tenido que ser reforzado para hacer frente a los embates de los temporales. Si tienes tiempo, y para que te hagas una idea de lo estrecho de sus calles, quédate a ver cómo dan la vuelta los autobuses encima de una plataforma giratoria en la plaza Mayor.

Nuestro próximo destino será Bermeo para lo que iremos rodeando el río Oka, corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Para ello tendrás que ir por las carreteras BI-3234, BI-2238 y BI-2235. Si quieres, puedes hacer pequeñas paradas en Kortezubi, Gernika, Atxondo, Busturia, Zukarrieta o Mundaka. ¿Por qué destacamos Bermeo? Porque, además que ser uno de los pueblos pesqueros con más solera de Bizkaia, es la cuna del marmitako, ese delicioso plato de arrantzales a base de patata y atún. Estás en el sitio indicado para comerte un buen plato. Por cierto, si quieres adentrarte en la sacrificada vida de los arrantzales -pescadores vascos en euskera- visita el museo de la Torre Ercilla.

Otra de las visitas que recordarás durante mucho tiempo será el islote de San Juan de Gaztelugatxe. Está a unos 11 kilómetros del centro de Bermeo siguiendo la BI-631 y el camino Matxitxako. Te recomendamos, no obstante, que confirmes la ruta cuando vayas a hacerla porque es habitual que, dependiendo de la época del año, parte de la carretera de acceso esté cerrada o impracticable. En ese sentido, mentalízate para hacer buena parte del camino a pie, aunque te aseguramos que no te vas a arrepentir. A parte del alucinante paisaje, en la cima del islote está la ermita de San Juan. Aunque te parezca mentira, todavía se celebran misas y alguna boda. La costumbre es tocar la campana si logras ascender los 241 peldaños que separan el pequeño santuario de tierra firme. Es todo un foco de atracción, así que elige bien fecha y hora si no te gusta demasiado el turisteo.

Todavía con la boca abierta, te proponemos poner rumbo para que conozcas Bakio que está a tan solo 7 kilómetros. Desde San Juan tienes que atravesar el barrio de San Pelaio. Bakio es el destino de veraneo de muchos bilbaínos que tienen allí una segunda residencia por lo que si vas los meses de julio y agosto es posible que veas mucha más gente de lo habitual. No es de los pueblos que mejor ha conservado su pasado pesquero, pero son especialmente destacables sus playas para la práctica de deportes acuáticos como el surf, windsurf y kitesurf. Ojo porque es frecuente el fuerte oleaje.

De un lugar perfecto para coger olas a otro donde podrás darte un baño con tranquilidad y seguramente relajarte después de muchos kilómetros. Plentzia forma parte del área metropolitana de Bilbao. De hecho, hasta esta localidad llega el metro por lo que tiene una de las playas más visitadas de toda Bizkaia. Sus tranquilas aguas y sus extensos paseos la hacen especialmente atractivas para personas de todas las edades. No te asustes si eres especialmente activo ya que esta villa marinera dispone de una oferta bastante amplia de turismo activo: paddle surf, piraguas, kayak o equitación son algunos de sus atractivos.

Para llegar tendrás que coger la BI-3151. Si te apetece, antes de llegar a Plentzia, podrás parar en Armintza y Gorliz. Como curiosidad, pasarás también por Lemoiz, ubicación de la central nuclear clausurada en 1984 aunque aún en pie. Si paras, podrás contemplar como la mole de cemento y hierro abandonada y pegada al mar ha acabado creando una especie de paisaje apocalíptico.

Ponemos punto y final a nuestra ruta por la costa vasca en Sopelana, municipio al que llegarás a través de la carretera BI-2122. Es otra localidad de veraneo y, para que te hagas una idea, los meses de verano se multiplica por cuatro su población habitual. Cuenta con una playa seminudista, Larrabasterra, y con otras dos, Arrietara y Atxabiribil, mundialmente conocidas por albergar concursos internacionales de surf. Aunque no practiques este deporte, simplemente reservar un rato para ver a los surfistas surcar las olas o contemplar cómo éstas rompen cuando sube la marea es todo un espectáculo.

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