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Viaje en moto al centro de Portugal y sus aldeas históricas [Segunda parte]

En la primera parte de nuestro viaje en moto al centro de Portugal te llevamos a algunas de sus aldeas históricas más bonitas. No obstante, aún hay más. Dejamos atrás Almeida, Belmonte, Castelo Mendo, Castelo Novo, Castelo Rodrigo e Idanha a Velha para internarnos en otros pueblos en los que el tiempo parece haberse congelado.

Paz, tranquilidad, lugareños que conviven con el turismo que llega y mucha historia es lo que encontrarás en cualquier rincón de Linhares da Beira, Marialva, Monsanto, Piodao, Sortelha y Trancoso. ¿Lo descubrimos juntos?

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Linhares da Beira

Villa de fundación medieval y ubicada en ladera nordeste de la Sierra da Estrela, Linhares de Beira posee el atractivo de su historia, pero además, es desde hace años uno de los santuarios del parapente. Su relieve y clima hacen que cada mes de agosto gentes de todo el mundo acudan para participar y disfrutar del Open Parapente.

Su tarjeta de visita es un imponente castillo militar construido sobre un cerro de granito que lo sitúa a 820 metros sobre el nivel del mar. Es de acceso libre y, si te animas a visitarlo, tendrás la mejor vista del pueblo y los alrededores. Calles serpenteantes, los restos de una antigua calzada romana que conectaba Mérida y Braga o su iglesia mayor de origen románico son un pequeño aperitivo de lo que observarás a vista de pájaro.

Sin embargo, lo mejor de Linhares, que recibe su nombre porque en el pasado la principal actividad de esta freguesía era el cultivo del lino, se encuentra callejeando. Hay quien dice que es un museo al aire libre ya que conserva una riqueza arquitectónica y artística poco frecuente. Imprescindible es que aparques la moto a la entrada del pueblo y recorras a pie sus vías empedradas dejándote sorprender por sus casas de granito. Algunas parecen engullidas por las rocas, el otro gran reclamo de esta aldea histórica.

Si te da tiempo, tampoco dejes de visitar el Parque Natural da Sierra de Estrela, la mayor área protegida de todo Portugal, con cerca de 1.000 kilómetros cuadrados. Eso sí, vete preparado porque las temperaturas en verano suelen ser extremas y en invierno el termómetro puede bajar hasta los diez grados bajo cero.

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Marialva

Curiosa la historia de esta pequeña y escondida villa que tuvo su máximo esplendor en la Edad Media, pero fue decayendo a partir del siglo XVI. En el siglo XX Marialva se quedó desierta y convertida en ruinas, pero Portugal restauró la estructura de las murallas y almenas de su castillo, emblema actual de la aldea, y, por así decirlo, volvió a la vida.

Construida en lo alto a más de 500 metros sobre el nivel del mar, conserva sus caminos empedrados que llevan a una plaza central de origen medieval donde se encuentran la antigua cárcel, el edificio del tribunal y la picota del siglo XV. Para contemplar mejor su belleza, vale la pena subir hasta el mirador de A Capela de Santa Bárbara.

No te vayas sin preguntar por el origen de su nombre ya que es objeto de una jugosa leyenda que tiene como protagonistas a un noble y una mujer con patas de cabra en vez de piernas. Como suele ocurrir en estas narraciones herederas de la tradición popular, el final es tremendo. A ver si adivinas quién de los dos se tira por la torre del homenaje del castillo.

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Monsanto

Otro de esos pueblos apartados, a 750 metros de altura, que ha conseguido que la modernización o el abandono no acaben con su historia y patrimonio. Monsanto fue declarada en el siglo XX “aldea más portuguesa de Portugal” en un concurso nacional. Seguramente una de las razones por las que se alzó con el reconocimiento fue su aislamiento y la dureza de las condiciones de vida entre sus escarpadas y estrechas calles.

No obstante, si algo llama la atención de Monsanto son sus montes-isla, piedras enormes de granito que forman parte de la arquitectura y la trama urbana. Por obra del ingenio humano, los domos de granito hacen las veces de tejados o paredes en no pocas viviendas.  ¿De dónde salen estos bolos de piedra? Las rocas han ido cayendo desde lo alto de la montaña Cabeço de Monsanto.

La aldea está cruzada por varias grandes rutas senderistas. Una opción corta, fácil y de gran belleza es el sendero GR-12. Recorre el camino de piedra hasta la Capilla de São Pedro de Vir-a-Corça, una capilla medieval rodeada de rocas gigantescas.

Por cierto, si te quieres llevar un recuerdo de tu travesía por el centro de Portugal, en Monsanto puedes comprar una muñeca de trapo llamada marafona. Dicen que, metidas debajo de la almohada, ahuyentan las tormentas.

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Piodao

Seguramente si dispusiésemos de un único día y tuviésemos que elegir una sola de las aldeas históricas de Portugal para admirar, esta sería Piódão. Curvas y contracurvas hasta llegar a un pueblo de montaña enclavado en la Sierra del Azor en la que las casas están dispuestas en bancales siguiendo la línea natural de la montaña y las callejuelas parecen querer hacer cima en un entramado laberíntico que no conoce la llanura.

Apenas 200 vecinos conviven en sus 35 kilómetros cuadrados. La verdad es que no debe ser nada fácil, pero a los visitantes nos conquista esa postal de casitas hechas de esquisto, con tejados de pizarra y ventanas azules. La naturaleza que rodea a Piódão no hace más que engrandecer más si cabe un conjunto que, por aislado, permanece inalterado.

Después de andar un buen rato entre callejas y echar un largo vistazo a los cultivos, te recomendamos finalizar viendo la Iglesia Matriz del siglo XVII, de un blanco inmaculado que rompe con armonía el paisaje, y el Núcleo Museológico, un museo etnográfico en el que conocerás las costumbres, las tradiciones y el modo de vida de los antiguos moradores de la aldea.

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Sortelha

Enclavada en un macizo de granito junto a la Sierra de Opa, Sortelha es una pequeña aldea cuyo trazado medieval se conserva en buen estado. También merece la pena desplazarse hasta el imponente castillo, construido en la parte más alta del pueblo y recorrer sus murallas. En el paseo te darás cuenta hasta qué punto las casas se funden con la piedra como si fuesen pequeños camaleones camuflándose.

Hay que decir que los habitantes, unos 500, dejaron hace tiempo de residir en el recinto amurallado por las duras condiciones. No obstante, la parte más antigua de Sortelha fue objeto de una cuidada recuperación antes de formar parte del exclusivo grupo de aldeas históricas de Portugal. Actualmente, intramuros quedan los dueños de posadas, restaurantes o pequeños alojamientos para acoger a los turistas.

Las calles y edificios históricos de la aldea son el escenario cada año de ‘Murallas con historia’, un programa de actos de tres días en el que se recrean las leyendas y las guerras del siglo XIV entre Castilla y Portugal. También hay espacio para recordar cómo era la vida medieval con sus mercados al aire libre, el arte de la cetrería o los desfiles de la corte real.

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Trancoso

Finalizamos nuestra ruta motera por las aldeas históricas de Portugal en Trancoso. En la misma línea del resto, te encontrarás con un pueblo de origen medieval coronado y vigilado por un castillo. No decimos que no tenga su encanto (que sí y mucho), pero vamos a aprovechar para sugerirte también algunas joyas gastronómicas del centro de Portugal.

Además del típico bacalao portugués omnipresente en todo el país, en esta zona son especialmente sabrosos los quesos, el requesón, el cabrito, el cordero, los caldos verdes y la miel. Atento también a la repostería porque en el país son bastante golosos. En fin, no te vayas sin darte un buen homenaje culinario.

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